Galia Dvorak: Ni un minuto

Este es mi primer post de 2015 y os aviso probablemente será uno de los más personales y más largos que he escrito hasta la fecha, así que allá voy.

Me doy cuenta de que me hago mayor. Algo que de entrada es una obviedad, me está afectando muchísimo más de lo que pensaba. No lo noto tanto en los entrenos o la competición (no nos alarmemos, sólo tengo 26 años y estoy en forma), sino en mi manera de ver las cosas. Vamos a concretar un poco.

Como muchos sabéis, yo empecé a jugar a tenis de mesa a los 7 años porque mis padres se dedicaban a ello. No me obligaron, pero reconozcámoslo, hubiese sido muy extraño viniendo de una niña obediente como yo, que me hubiese negado. A partir de ese momento ellos se turnaron horas y horas para para entrenarme. La verdad es que entrenaba bastante pero nada infrahumano o exagerado, cada día un par de horas. Eso sí, incluyendo fines de semana, vacaciones y festivos donde era “algo más” que un par de horas.

Los resultados no tardaron en llegar: con 13 años quedé subcampeona de Europa infantil en individuales y campeona de España absoluto. Los rumores de que mis padres eran unos ogros dictadores que no me llevaban al colegio y se pasaban horas con un látigo obligándome a darle a la pelotita no tardaron en llegar dado que eran unos resultados (y aunque no lo parezca, lo digo con toda la modestia del mundo) bastante espectaculares proviniendo de una niña con “poco talento aparente” y de un país de nula tradición en este deporte. Yo iba al cole y sacaba excelentes y me sobraba tiempo para leer Harry Potter, hablar por msn y jugar a Pokemon. Entrenaba (bastante) menos que mis rivales europeas. ¿Era una niña prodigo? Claro que no. Yo, para ser sinceros, odiaba entrenar. Me encantaba ganar partidos, pero odiaba con todas mis fuerzas entrenar. Se me hacía horriblemente pesado entrenar horas y horas las mismas cosas y en mi interior siempre deseaba que se produjese algún imprevisto que me impidiese entrenar. Aborrecía las conversaciones monotemáticas con mis padres durante la cena. Y aún así los resultados llegaron. ¿Por qué? Por la calidad del entreno. El hecho de entrenar siempre con mi padre o mi madre que eran jugadores profesionales que no fallaban nunca hizo que yo no perdiese ni un minuto. Un entreno con ellos valía mucho más que varios entrenos con una chica de mi edad. Además podían controlarme mucho más que cuando formas parte de un grupo de diez niños.

Siendo una de las mejores infantiles de Europa llegué a la adolescencia y la etapa juvenil. Si os digo que de pequeña no quería entrenar, a esa edad, aún menos. De hecho, tenía “muy claro” (lo pongo entre comillas porque creo que con quince años no se tiene nada muy claro) que en cuanto cumpliese los 18 lo iba a dejar. Y me pasó una cosa. Tuve la suerte de poder entrenar cada día con una jugadora de nivel increíblemente alto (diploma olímpico) y con 16 quedé campeona de Europa juvenil individual. Iba a la selección absoluta viajando por todo el mundo. Ganaba dinero gracias al club y las becas ADO. Gané medallas en el mundial juvenil. Bachillerato ya no era tan fácil como el cole. Y ya “odiaba” un poco menos el dichoso pinpón.

Foto de 50/120  Puedes ver más en https://www.facebook.com/50120sport

No pasó del día a la mañana, pero poco a poco, a medida que me hacia más mayor y tenía más libertad de tomar mis propias decisiones veía más claro que quería que mi vida estuviese más ligada al tenis de mesa y eso hizo que tuviese más ganas de entrenar. No es que ahora sea la reina de la motivación y hay veces que me sigue costando muchísimo obligarme a mí misma pero ahora la que quiere correr más rápido e intentar llegar a esas bolas difíciles soy yo misma, y la que “espía” a los jugadores buenos para copiarles soy yo y la que ve con rabia como algunos jugadores jóvenes con un montón de oportunidades pierden el tiempo soy yo. Sigo teniendo a mi mami a mi lado, pero ambas entendemos que a estas alturas ya sólo cuentan los méritos propios y conseguir cosas si sale de mí.

Al principio de este post os decía que noto que me hago mayor, y en parte los estáis viendo porque parece que estoy haciendo como los abuelos, evocando viejos tiempos con nostalgia. Lo cierto es que yo no lo digo por eso, sé de sobras que vivir del pasado sería un error y además creo que los mejores resultados están aún por llegar. La cuestión es que ahora miro hacia atrás y hace casi diez años de esa vez que gané el europeo juvenil y me da mucha rabia pensar en cuantas ocasiones perdí el tiempo e intenté escaquearme del físico o me pasé entrenos enteros pensando que me pondría para salir el sábado. Entrené muchas horas, pero ¿cuántas de ellas aproveché de verdad? Sé que probablemente lo hice lo mejor que pude en aquel momento y no podía ser más adulta de lo que era, pero quería escribir este post para recordarme a mi misma que no quiero perder ni uno de los minutos de los que entrene y si ya de paso, puedo motivar un poco a alguien, decir que lleguen los resultados o no, la sensación de haberlo hecho honestamente lo mejor que pudiste, es incomparable.

Fuente: www.elcontragolpe.net